Leyenda de las velas
Cuenta la leyenda que aún cuando Jesús estaba físicamente en la Tierra, y ya, conociendo su destino, se retiró a orar a solas a una montaña para hablar con su Padre.
En ese diálogo Dios le comunicó que, cuando fuese el momento de partir, mandaría a un ejército de ángeles, símbolo de trabajadores de la luz, con el propósito de escoltar, custodiar y guiar a todos los seres para que, junto a su hermosa compañía, no tropiecen con piedra alguna.
Jesús se reunió con los ángeles y mencionando su designio divino, les dijo que muy pronto se reuniría con el Padre, pero ante cualquier necesidad de intervenir por alguna intención o deseo de los seres que cuidarían, ellos deberían mandar un rayo de luz al cielo para que ese deseo llegue a manos de Dios y Él, con su inigualable poder, lo pudiese hacer realidad.
Llegado el momento, Jesús se reunió con su Padre, ese instante mágico donde los ángeles bajaron a la tierra para cumplir su misión y, guiados por la sabiduría divina que les fue otorgada, buscaron entre todos los seres humanos a la persona perfecta para encomendarle el rayo de luz, fue así que escogieron a una mujer sabia, humilde de corazón y preocupada por el prójimo.
Una noche mientras dormía, los ángeles entraron en sus sueños y expresaron la importancia de que, con sus propias manos, hiciese un rayo de luz tan potente que llegue al cielo, simbolizando la entrega de una petición en manos de Dios para que él provea con su gracia haciendo posible esa intención.
Al despertar, la mujer estaba anonadada con la sensación que le dejó aquel sueño, lo vivió muy verdadero y hasta podía sentir que no estaba sola, sentía un gran amor que la envolvía por completo. Pero lo tomó como un sueño especial.
Durante el día experimentó señales que le hacían revivir el sueño nuevamente. Continuó teniendo el mismo sueño por varias noches y más señales recibía cada día. Al ser una mujer de fé, creyó que esos sueños y señales no eran porque sí, sino una causalidad divina, con un propósito, por lo que los tomó como un mensaje celestial y decidió hacer algo.
Fue así que comenzó su trabajo y siendo una mujer conocedora de plantas y sus beneficios para aliviar dolores del cuerpo y alma, buscó entre sus plantas una que segregaba un líquido que al contacto con el fuego emitía una luz.
A los pocos días, la mujer, esmerándose, trabajó para mejorar su producto, con el líquido de la planta creó una cera, y untó una varilla de la misma planta que al ponerla en contacto con el fuego se produjo una llama que duraba horas encendida.
Fue en ese instante que los ángeles se manifestaron ante ella, y ante su asombro, eran los mismos ángeles que había soñado, le brindaron un cálido saludo y también agradecieron el trabajo realizado, y le dieron el gran mensaje que ella debería hacer llegar a todos, tomando una de sus varillas se la entregaron y pidieron que la tome entre sus manos y la coloque a la altura del corazón, y cerrando sus ojos, elevó una oración al cielo con el deseo que quiera ver realizado en su vida. Al terminar la oración, guiada por los ángeles, encendió la varilla dando lugar a que ese rayo de luz viaje hasta las manos del Creador.
Se dice que la mujer al poco tiempo se convirtió en una experta en varillas, y descubrió la forma de mezclar la cera de las plantas con hierbas aromáticas y, al encenderlas, el aroma que emitían, era tan agradable y sanador que podía curar a quien estuviera en contacto con ellas.
Comenzó a entregar varillas a quien las necesitaba entregando el mensaje de que no tan solo se necesitaba fuego para ese encender esa varilla, sino que ese rayo viajaría más rápido y se materializaría lo antes posible si el emisario cuenta con fé y esperanza en el corazón.
A partir de allí, el contacto y conexión con los ángeles crecía día a día. Agradecida por haber sido escogida por Dios y sus magníficos seres alados, quienes le encomendaron una tarea divina, una tarea que cambió su vida para siempre.
Te pregunto ¿tenés un deseo que anhelas? ¿Qué esperas? Manda un rayo de luz al cielo y espera ver el milagro!!

